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El temblor de las hojas

Vanesa Calzada

Del 4 al 29 de octubre 2017

Sala de exposiciones del Espacio Joven


El temblor de las hojas

El temblor de las hojas es una serie de fotografías y objetos sobre un proceso traumático…

EL TEMBLOR DE LAS HOJAS
Vanesa Calzada

El temblor de las hojas es una serie de fotografías y objetos sobre un proceso traumático, un accidente veraniego. Suelo utilizar la escritura y este tipo de obras para bucear en mi historia personal, mis emociones y recuerdos, de esta manera las re­creo de una manera más positiva. La experiencia es una, neutra, cómo la vives es lo que denota la diferencia, y como la recuerdas también, puede ser un lastre o un aprendizaje. Con la escritura le doy una vuelta de tuerca a través del humor. Mis obras (visuales o escénicas ­performance­) funcionan de otra manera, pueden ser mejores o peores pero siempre son sinceras, comparto con el público lo que me late, íntimo, personal, lo que no se dice. Después de explorar diferentes técnicas desde 2007, he definido mi trabajo en la mezcla de fotografías y objetos, con dos hilos transversales que son la poesía y los materiales naturales, pobres o de reciclaje. La naturaleza y la poesía son dos fuentes de inspiración para mí, me fascina la poesía visual y el Land art.

Cuando sucedió el accidente estábamos en plena naturaleza, y el hospital estaba a las afueras por lo que la naturaleza era una constante. Una naturaleza tan espectacular como violenta. En la exposición se ven transposiciones de imágenes de aquel mes en las que se mezcla el impacto, el shock, el estrés postraumático y habitar el hospital, con la naturaleza, se cuela invasiva, presente, tan bella como violenta. El video que da título a la exposición "El temblor de las hojas" es un montaje de pequeños vídeos grabados con el móvil en el entorno del hospital, donde el viento hacía temblar las hojas, en ocasiones se mezclaba con la sirena de las ambulancias. El shock post traumático es un lastre, una pátina de dolor, una película de terror en super 8 que comienza con los ojos cerrados o abiertos. Vanesa Calzada Rodríguez es educadora de arte de vocación, especializada en arte contemporáneo, lleva más de 7 años realizando todo tipo de talleres educativos en relación con el arte y la creatividad. Pertenece a dos colectivos de artistas con los que expone y juega con la poesía visual y escénica (Arañados signos y Elefante rosa poesía), acaba de inaugurar su propio espacio creativo en Valladolid "Lafontaneria" en la calle Silió, 6 (zona Vadillos­ Circular). www.facebook.com/lafontaneriacreativa

Fragmentos de mi diario personal de ese mes de hospital:

Día 4: "Hospitales" (al día siguiente del accidente)
Cerrar los ojos en la sala de espera y ver el accidente una y otra vez. Cagarse de miedo. No puedo comer, las enfermeras amables me trajeron colacao y yogures, un sorbo y al baño, no puedo comer yo me cago de miedo. También informo a ratos de lo que se a la familia que está lejos y yo en este hospital último modelo.
Yo quiero que estes bien y juntitos y ya, irnos de aqui lejos y dejar de cagarme de purito miedo.

Día 4: "Mi"
Temblar a ratos como un animalillo, hola! Estrés post traumático. Mejor que un café, es cerrar los ojos y tener que abrirlos porque lo veo otra vez. Mi pelicula de terror en super 8.
Ya está mejor. Dijo que al caer pensaba que iba a morir.
Nunca me gustaron las películas de miedo, ni las de ciencia ficción, y esto parece una mezcla de las dos.
Mi Sebas que no pierde en ningún momento el sentido del humor, diciendo bobaditas hasta al entrar en quirófano, asi es Mi.

Día 9: "El temblor de las hojas y los hospitales, de aquí me voy con acento gallego"
Montarse en el primer autobus urbano que llegue a la puerta del hospital, sentir que estas bajita bajita la voz ha ido fiiiiuuuu según bajabas a la calle. Buscar un parque, un bosque, un sitio donde respirar y si acaso leer el ebook que me he dejado arriba, mi compañero de viaje, siempre en la maleta. Antes de ayer me perdí al bajar caminando del hospital y encontré sin buscarlo un bosque que sabe dios donde estará y me dediqué a pequeños videos con el movil sobre el temblor de las hojas, en uno se oye una ambulancia de fondo. Todo va mejor pero hoy me desinflé un poco. Y en Valladolid un león a punto de nacer y nosotros aqui joder.

Día 13:
A partir de ahora Santiago será la ciudad de tus fracturas, los derrames sanados, la no operación y la espera de la ambulancia. Más al sur podemos encontrar el helicoptero que te llevó y que nos dio frio y miedo, la caida y sus golpes, el cuerpo del servicio de bomberos, policia, guardia civil y ambulancia.
Santiago serán tus cicatrices y tus grapas, el surtido de médic@s y enfermer@s, las salas de espera y el sofá que es mi cama.
Tu humor a pesar de todo y mis cuidados casi permanentes. La ducha para familiares, la silla para lavarte y la furgoneta de mis padres.
Descubrir lo poco que necesitamos y esta dieta por la via del sufrimiento que nos tiene a tod@s como Naomi Campbell. Menos a ti que solo piensas en pulpo y vieiras, albarinho y mejillones, las conchitas de los muros y la vuelta a casa.

Día 13:
Me gusta dormir contigo aunque sea en el sofa de al lado. Rozo tus dedos que asoman de esa escayola sucia y busco el perfil de tu cintura, con miedo a hacerte daño alejo mi mano en cuanto se me empiezan a cerrar los párpados. Las costillas y el abdomen abierto me impiden abrazarte, ya no hay pechito para mi cabeza, ese que me duerme en instantes. Habrá que esperar a que te cure el tiempo huesos y cicatrices. Yo te mimaré porque me sale cuidarte, sin forzar sin pesar sin sin, tan solo sale. Como te sale a ti la sonrisa fácil, las tonterias y la alegría a pesar de las mañanas dificiles y los dolores, Sebas a pesar de todo.

Día 21: "Locas"
Hace 21 noches que no duermes en nuestra cama.
Hace 19 días y 19 noches que no te puedo abrazar como dios manda.
19 mañanas, tardes y noches que no me quedo dormida en tu pecho. 19 días, tardes y noches sin apenas intimidad, el sexo es un fantasma.
19 noches sin compartir la cama, por mucho que me acurruque con la cabeza junto a tu cama, no es lo mismo. Ni cuchara, cucharita, cucharón, ni siquiera eso de "quita que me das calor". Sin duchas compartidas ni siestas de sofá, hace infinito que no me cocinas ni que te veo sin ropa de hospital.
Salchi ya no sabe que hacer para llamar la atención, dentro de poco la veo haciendo un numerito con las cariocas que cuelgan de la terraza.
Vuelve que nos volvemos locas.
*Salchicha es nuestra gata.

Día 23:
Hace 20 días que no cocino y que no tengo hambre. Hice estupidamente la compra, pensando que volverías el fin de semana pasado, por mi cumpleaños. Pero se complicó la cosa y la comida se estropea en la nevera, excepto los helados que llevan un ritmo estrepitoso.
Te operaron por la mañana y volveré por la noche, he pasado una tarde de lo más hedonista, intentando sentir placer con chuches, un baño, la tele, el sofá, una siesta que no funciona, la hamaca y el ebook que ya no me engancha, caricias frias infructuosas. Ya no se si estoy un poco deprimida, si sigo en shock o que cojones. Porque tengo mil cosas por hacer y no avanzo un ápice.
Estoy mejor allí, allí no pienso y no te echo de menos. Lo malo son los cuestionarios ilimitados de amigos, familiares y conocidos tratando de conocer todos los detalles de tu caída.
La caída del guerrero. La caída de mi corazón a plomo. La caída del ensoñamiento, de las vacaciones inoportunas y de mis gritos sobre tu cuerpo, en la distancia. Lejos.
Ayer tuve que repetirlo y por la noche volvieron todos mis monstruos para atormentarme, para castigarme por no saber cuidar de, por no saber ver, por no saber nada de, por no.

Día 10:
Hoy he tomado demasiada cafeina, demasiado de todo. Chupitos, fritangueo.
Hace horas de todo esto. Y me apetece dormir desnuda, no sé si guarda alguna relación. Recuperar la sensualidad. Tiro el pijama cochambroso del primark y me acurruco bajo la escayola que ha levantado una barricada nocturna entre tu cuerpo y el mío, todas las noches me topo con su áspero tacto, la insensible y sucia escayola. Rodeo tu abdomen evitando rozar las costillas y cicatriz. Me da miedo dormirme y hacerte daño por lo que vuelvo a mi territorio, al otro lado de la escayola, la zona del insomnio, la lámpara anaranjada y los libros abandonados junto a la cama. Recurso insomne, pildoras de evasión discontinua. Y la tableta casi vacias de valeriana.
Buenas noches, y hasta mañana

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